CONEXIÓN MARSELLA

Por Lara Torrano 

Duelo en Marsella 

La Costa Azul de los años setenta. Un entorno único y un punto estratégico para el narcotráfico. Un juez de menores ambicioso y un traficante implacable.

Así empieza Conexión Marsella. El espectador se sienta esperando ver las magnificas playas de la costa marsellesa y el precioso puerto pesquero; idílico paisaje para tanta suciedad. Nos encontramos en un lugar inundado de heroína, creada en laboratorios clandestinos para su posterior envío a la gran América. Una trama apoyada, demasiadas veces, por la CIA y por agentes corruptos del Departamento de Polícia de Nueva York,  lo que se traduce como la «French Conection», que sirvió para la aparición de ricos mafiosos corsos como Antoine Guérini.

El tablero de juego, dispuesto por el director Cédric Jimenez, se impone sobre un ambiente corrupto y difícil para quienes quieren desarticular el grupo criminal, situación que se rompe de golpe con la aparición magistral de Jean Dujardin, un  excelentísimo juez de menores que asciende a crimen organizado. Al otro lado del muro, Gilles Lellouche coge vida al papel de Zampa, un capo de la droga violento y de carácter fuerte que será el punto de mira para Dujardin (Pierre Michel). El trabajo de ambos es impecable dentro de la trama donde se encontrarán persiguiéndose, al estilo Tom y Jerry, por las calles de Marsella.

La obsesión de Pierre Michel por limpiar las calles de mafias, laboratorios clandestinos y la comercialización de drogas empezará a molestar a Zampa y creará una tensión a lo largo del film para que ambos se encuentren en un duelo final. Mientras Zampa quiere mantener sus conexiones traficando, extorsionando y engañando, Pierre por su parte trabaja día y noche para desmantelar la “French Connection”, aunque esto le cueste su vida tanto laboral como personal. Una obra maestra que sin duda ofrece suspense y expectación entre el público que gracias al papel magistral de Luis Lellouche y Jean Dujardin dejan escenas selladas a la retina.

Aunque la duración es un tanto excesiva -más de dos horas- los toques de humor y los comentarios sarcásticos logran que la trama sea más amena y que el público conecte con el cine de estilo francés. Un duelo que sin duda no os podéis perder.

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