UN BEAU MATIN

Por Miquel Felipe 

Propuesta sutil y sobre todo muy delicada con toques románticos

Tras La isla de Bergman, estrenada en cines españoles el pasado verano, la última película de la directora francesa Mia Hansen-Løve, Una bonita mañana, presentada en la Quincena de Realizadores del último Festival de Cannes donde fue recibida con elogios de la crítica, llega finalmente a los nuestros cines este próximo 31 de marzo.

Protagonizada por una notable Léa Seydoux, la película cuenta la historia de Sandra Kienzler, una joven traductora y madre soltera cuyo padre, exprofesor de Filosofía, entra en un proceso avanzado de Síndrome de Benson, una enfermedad descrita como una variante extraña del Alzheimer. Deberá entonces decidir junto a su madre si trasladarlo a una residencia de ancianos privada. Paralelamente, su reencuentro con un viejo amigo, Clément (Melvil Poupaud), casado y con un hijo, hará que inicien juntos un apasionado romance.

Tratando con extrema delicadeza y sin caer en excesos sentimentalistas el tema de la enfermedad -algo que, de algún modo, se deja entrever desde el principio, cuando uno de los personajes señala que es mejor no ir por ahí dando pena-, Hansen-Løve logra que su película resulte tremendamente emotiva. A través de recursos como la repetición, de instantes que se repiten -los momentos en los que ella se encuentra traduciendo, sus escenas en el autobús, las idas y venidas de una relación en apariencia tóxica-, la directora teje dos tramas distintas que, finalmente, terminan convergiendo en un mismo punto. Y lo hace también a través de un cierto halo existencial que recorre la propuesta, logrando así su cometido de llegar hasta el alma del espectador mostrando la realidad sin edulcorantes, y dejando la sensación de haber asistido a una propuesta notable con momentos verdaderamente memorables.

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