CANNES 2015: Jornada 3
Por Dani Arrébola
Bienvenue Monsieur Allen
A pesar de su evidente fragilidad se apresura con una energía inusual bajo la retahíla de flashes que descarga la prensa. No le va este rollo. No le gusta nada. Pero es consciente que es la gran estrella de esta 68 edición del Festival de Cannes. Sonríe tímidamente a las innumerables cámaras antes de pasar a la rutinaria rueda de prensa en una sala abarrotada. Tiene 80 años pero Woody Allen ha vuelto a demostrar en su entrega anual que sigue filmando con la misma ilusión y frescura que hace cuarenta, cuando se iniciaba doctorándose raudamente en el séptimo arte a base de un humor filosófico en pantalla nunca antes visto.

Y el imponente y gigantesco Grand Théâtre Lumière ha sido la sala elegida en el Palais des Festivals para proyectar Irrational Man que es el buen título elegido para la última película del maestro neoyorquino que roza ya la cincuentena en su carrera. A través de dos estrellas vips como Joaquin Phoemix y Emma Stone, en la historia encontramos las coordenadas allenianas que todos nos sabemos de memoria, esto es, la filosofía existencial, los triángulos (en ocasiones cuartetos) amorosos, la moral de aquello que está «bien» y aquello que está «mal»… y todas las inquietudes propias de un Woody Allen que sabe canalizar como nadie su alter ego en las pieles de sus protagonistas.
Sin ser ninguna de sus obras maestras, Irrational Man funciona, fluye con buen cauce e incluso sorprende por el paño oscuro que el maestro ha querido aplicar aquí, sin perder eso si, su característico pincel lleno de ingenio y humor. Phoenix está correcto como profesor de filosofía y hombre con tendencia auto-destructiva; pero es la eléctrica y pelirroja Emma Stone, el verdadero oxígeno del film de Allen. Esta joven hechizante británica recuerda cada vez más a Katherine Hepburn -salvemos por supuesto las distancias contextuales- y uno es capaz de entenderla sin dejar de lacrar sus risueñas comisuras y sus insultantes ojos claros.

Las que también sonreían a pesar de tener los ojos mucho más rasgados y oscuros que miss Emma, eran las cuatro hermanas protagonistas del film de Kore-eda Umimachi Diary u Our Little Sister, el título va al gusto de cada quién. El director nipón filma sin artificios y con esa exquisita, amable y honesta frescura consigue llegarte al alma mientras cuenta la belleza y el poder del amor fraternal. Eso sí, a esta sólida cinta le hubiera venido bien un tijeretazo en sus dos horas de metraje, para que el soplo de aire hubiera sido, sin perjuicio de perder ningún gramo de fuerza, completo entre las hermanas (por cierto, la mayor y la pequeña dos bellezones), y el espectador.
No despunta ningún film de manera radical, pero hasta el momento, el nivel podemos decir que es el esperado en el festival más prestigioso del planeta.
