LA CORONA PARTIDA
Por Dani Arrébola
Pues que nadie vaya a por el SuperGlue
No sabemos si es que le sobraban más decorados que ganas al bueno de Jordi Frades pero lo cierto es que justo al cerrar el telón televisivo ejerciendo como uno de los directores de la exitosa serie Isabel, el realizador catalán se puso manos a la obra para filmar La corona partida, ese turbio proceso histórico tintado de artimañas tras la muerte de la gran reina católica y que ahora llega a nuestras salas.
De nuevo con Rodolfo Sancho cargando las pieles del tenso rey Fernando, el filme se centra en su hija Juana (Irene Escolar), sí, la Loca, a pesar de que cada vez entendemos mejor que lo de loca se lo pondría algún Stevie Wonder de la época y que su cordura tañida en arrebatos iba en proporción al estorbo que le ocasionaba a su padre, a su esposo Felipe (Raúl Mérida), al cardenal Cisneros (Eusebio Poncela), a su hijo Carlos y a todo el que se cruzase con ella en su ambición reinante, en un Reino impaciente y partido en dos entre los partidarios de los Trastámara y los Habsburgo.
Mas entre cóleras y sensateces, pronto advertiremos que por mucho que aquí tuviésemos a personajes de carne y hueso, preferiremos a Cersei Lannister que a la reina Juana, a Ned Stark que al rey Fernando, a Lord Meñique que al cardenal Cisneros y, en definitiva, al mundo ficticio de Poniente que al histórico reino partido de la Castilla de hace cinco siglos. Y tal advertencia no la identificaremos en unos protagonistas que hacen lo que pueden -Irene Escolar y Eusebio Poncela son los auténticos imanes en el plasma- sino en una historia que parte de la premisa de contarte un trascendental conflicto que, sin embargo, nunca acaba de estallar ni en la pantalla ni en la chicha narrativa.
La corona partida no aporta nada que no supiéramos ni, sobre todo, hubiéramos visto ya contado con el barniz histórico que tan bien se ha desarrollado en el formato televisivo. Si así de insulsa y errática resta la corona en las cabezas de distintos propietarios será mejor que ni Juana ni el espectador más entusiasmado en comprar la entrada vayan a comprar el superglue…
