LA NOVIA

Por Dani Arrébola

¡Ennoviados seamos todos!

«y te sigo por el aire como una brizna de hierba…» y dirige con la misma lírica y trascendencia Paula Ortiz, podríamos añadir a estos versos de la célebre Bodas de Sangre de Lorca en la que se inspira La novia. La cineasta maña derrocha en su segundo largometraje todo un brillo de estilo y alma, de luces y sombras, de creencias y magias que se pasean por la pantalla y que uno contempla con la boca abierta desde el minuto cero al último de metraje. Y logra con todo ello un estallido técnico-artístico de difícil superación en el año de estrenos de nuestras películas que estamos cerca de cerrar.

Y la novia no podía ser otra que una Inma Cuesta que aquí es más INMACULADA que nunca. Sonríe a su novio, un Asier Etxeandía gafado en todos los sentidos, pero sobre todo susurra y sufre en silencio por Leonardo (Álex Garcia), en un silencio que la envuelve en un tormento invisible que sólo es capaz de explicarse entre versos unidos y desunidos…entre bailes y vueltas de pasión. Más que un canto al amor, esta adaptación lorquiana -mucho más fiel de lo que a priori parece- y que se saca de su varita mágica Paula Ortiz, es un canto a la belleza del amor, a la locura que este sentimiento porta y que irremediablemente te lleva a vivir cada segundo de tu existencia con los sentimientos en vigilia.

También en el exquisito elenco de artistas -que aquí son más que actores- trasluce una piel sensible de película colmada de miradas llenas de diligencias a corto y largo plazo (el filme va dedicado a Carlos Álvarez Novoa, el reciente fallecido padre de la novia); de rabias e histerias no solamente por un amor sino también por un futuro no correspondido y de esperanzas y promesas evadidas en la unión de dos latidos. Y todo eso se articula en la pantalla como un milagro surgido por la chispa mágica que impregna cada plano y que reluce el vestido y cuerpo de una novia con la suerte y la desgracia de estar perdidamente enamorada.

¡Ennoviados seamos todos!, sobre todo los que no sienten nada o no suelen sentir pues, con La novia tienen la oportunidad perfecta en cartelera de acercarse a Lorca y a ese sentimiento que tanto nos atormenta y que tanto nos entregamos llamado amor. Sirviéndose de una radiante Inma Cuesta, de un exquisito montaje y de una dirección artística en la que se incluyen canciones populares como La tarara y una versión aún más romántica del Pequeño vals vienés de Cohen, Paula Ortiz se saca del velo y del chal una película imprescindible que te llegará a lo más profundo del corazón.

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