LAS DOS CARAS DE ENERO
Dir.: Hossein Amini
Pro.: Robyn Slovo, Tom Sternberg Gui.: Hossein Amini
Int.: Viggo Mortensen, Kirsten Dunst, Oscar Isaac
Los productores de El topo, la última versión de Los miserables y algunas de las mejores películas de los Coen, se unen para dar la oportunidad a Hossein Amini, el guionista de Drive, de debutar como director con este oscuro thriller, basado en una novela de Patricia Highsmith y protagonizado por Kirsten Dunst y Viggo Mortensen.
Atenas, 1962. Chester y Colette McFarland son una pareja de adinerados turistas americanos de vacaciones en la capital griega. Aunque él es bastante mayor que su mujer, parecen estar muy compenetrados y disfrutar del lujo de los buenos hoteles y el aroma decadente de la cuna de la civilización. Bajo los asombrosos dinteles de la Acrópolis, conocen a Rydal, un joven compatriota que trabaja de guía turístico y complementa sus ganancias con lo que les saca a viajeras ricas y desprevenidas. Entre los tres se establece pronto una complicidad basada en el deseo –cuyo eje es la atractiva Colette-, la ambición –Rydal envidia la riqueza de sus nuevos amigos- y la mentira. Elementos, todos estos, fundamentales en la narrativa de Patricia Highsmith, que es, sin duda, la mano que mece la cuna a lo largo y a lo ancho de la película. La falsedad, la suplantación y el enigma de la identidad son los motores de un relato en el que no se sabe quién juega con quién: Chester puede no ser lo que parece, Colette puede no estar tan enamorada, Rydal quizá pretenda engañarlos, o ayudarlos… o las dos cosas a la vez.
La oportunidad se le presenta cuando en lo que parecían unas apacibles vacaciones se cruza la amenaza, el crimen y la desesperación. Y los sucesos que se van desencadenando ponen en manos de Rydal –auténtico Minotauro- el destino de la pareja, protagonistas de una huida alucinada que los lleva hasta Creta y su laberinto. Allí el antiguo mito tendrá que hacerse realidad, pero será el destino quien determine cómo el héroe escapará de la encrucijada y qué víctimas habrá de dejar atrás.
Hossein Amini ha urdido perfectamente los hilos de la trama, midiendo muy bien los ritmos y dando cada vez más peso al que no era en principio el personaje principal, convirtiéndolo de acompañante en el trío inicial a voz cantante en el dueto final; no tan lejos de su áspero conductor de Drive. Cualidad del libro original, seguramente, pero habilidad también para llevarlo a la pantalla. Con una perfecta y muy estilizada fotografía, que reproduce con fidelidad la estética de los años sesenta y de los mejores thrillers de la época; de hecho, es posible reconocer en Las dos caras de enero la influencia de Hitchcock y otros maestros del género.
Como en muchas de aquellas películas, el protagonista –ahora de dudosa moralidad, los tiempos sí han cambiado en algo- pasa de ser libre a sufrir persecuciones y equívocos, con riesgo de peligro mortal. Claro que Viggo Mortensen no es James Stewart, ni mucho menos Cary Grant; pero tampoco lo necesita aquí: Mortensen compone su personaje con absoluta sobriedad, fiándolo todo, como ahora se estila, a su mirada y a su voz. Con ambas herramientas construye su transformación, de sofisticado triunfador a fugitivo acorralado al borde de la derrota. A su lado, Kirsten Dunst demuestra que ha dejado ya su aspecto y sus papeles juveniles para entrar en la primera etapa de la madurez; poseedora de una fotogenia muy interesante, como antes, pero también de una calidad indiscutible. Durante un buen rato de la película, ella es la dueña de la pantalla, mientras los dos hombres se disputan su presencia y, si es posible, sus favores. Y Oscar Isaac –para mí una revelación en Ágora y A propósito de Llewyn Davis– está a la altura requerida, creciéndose con el personaje, como decía, a lo largo del metraje. Que se deja ver en un suspiro, acompasado por la magnífica banda sonora de Alberto Iglesias y atrapado por el interés y el suspense de esta agobiante historia en la que, hasta el final, nada es lo que parece.
