SÉPTIMO y STOCKHOLM
Dir.: Patxi Amezcua Pro.: Álvaro Augustín, Jordi Gasull, Edmon Roch
Gui.: Patxi Amezcua, Alejo Flah Int.: Ricardo Darín, Belén Rueda
Dir.: Rodrigo Sorogoyen Pro.: Rodrigo Sorogoyen, Borja Soler, Eduardo Villanueva
Gui.: Rodrigo Sorogoyen, Isabel Peña Int.: Aura Garrido, Javier Pereira
Son tantos los estrenos que se acumulan en este fin de año, y tantas las películas españolas que luchan por hacerse un hueco con el horizonte de los Goya, que no puedo resistirme a comparar al menos dos de estas producciones, que representan, además, dos modos diametralmente opuestos de hacer cine y llevarlo hasta los espectadores. Stockholm y Séptimo son muy buenos ejemplos. La primera está dirigida por un director joven, Rodrigo Sorogoyen; es su segunda película, tras la muy estimable 8 citas y un copioso trabajo en televisión. El director de Séptimo, Patxi Amezcua, también llega a su segundo largo: dirigió 25 kilates, que me gustó mucho, en 2008.
Hasta aquí, empate: se ve que los productores –ya veremos de qué categorías- confían en directores primerizos; igual es que son más baratos… Las historias, claro, no tienen nada que ver. En Séptimo, Sebastián y Delia, un matrimonio en trance de separación, se reparten la atención a sus dos niños. Mientras la madre marcha al trabajo, el padre se encarga de llevarlos al colegio. Salen del piso –el séptimo del título- y mientras los críos corren escaleras abajo, el hombre baja en el ascensor. Al llegar al portal, los niños han desaparecido. Sebastián intuye enseguida que los han secuestrado para presionarlo en un caso complicado que lleva el bufete del que es miembro. No se equivoca.
En Stockholm, un joven se fija en una chica en una fiesta y, a la salida, de madrugada, la aborda por la calle y trata de convencerla para que acceda a subir a su piso y pasar la noche con él. También aquí hay una coincidencia curiosa, porque cuando la joven, que parecía convencida por su insistencia –o casi secuestrada, de ahí el título- se marcha del piso, él baja en el ascensor, la alcanza y la hace subir de nuevo. Y empieza la segunda parte, en la mañana siguiente; que parece otro mundo, porque el conquistador divertido, atento y respetuoso, se ha convertido en un ser odioso, antipático y frío. Y ella –nunca sabemos su nombre- deja salir su rabia, su ansiedad y su dolor.
Stockholm ha costado 60.000 euros, reunidos entre cincuenta “inversores”; se ha rodado en cuatro calles cercanas a la Gran Vía madrileña y se estrena con 16 copias para toda España. Séptimo es una producción de varios millones de euros –con el soporte de importantes cadenas de televisión-, se ha rodado en Buenos Aires y sale con 42 copias en Madrid, supongo que con más de 200 en todo el país. Distribuye la todopoderosa Fox, y se han llenado las marquesinas callejeras con el cartel de la película, publicitando una historia confeccionada rigurosamente con la fórmula precisa. No importa que se le vean las costuras y que todo resulte un tanto previsible; la finalidad es hacer taquilla.
Stockholm llegó a Málaga con lo puesto y sin la menor seguridad de distribución. Ahora ha encontrado a Festival Films, que ha apostado por esta historia modesta, pequeña, pero llena de verdad, de emoción y de incertidumbre. Sus creadores, del primero al último, quieren, sobre todas las cosas, hacer cine. Si para ello no tienen que cobrar, trabajan gratis, solo cargados con su interés y su esperanza.
Los protagonistas de Séptimo sí habrán cobrado: son dos estrellas –sobre todo Darín-, que han llevado al cine en Argentina a casi un millón de espectadores en un mes; ambos están muy bien, haciendo personajes que se saben de memoria. Los intérpretes de Stockholm son dos jóvenes de 32 y 24 años, con todo el futuro por delante. Javier Pereira compone su personaje a la perfección, y Aura Garrido es de sobresaliente: su trabajo culmina de momento una carrera muy inteligente y de muchísima calidad; Aura es, probablemente, la mejor actriz de su generación. Da gusto verla aquí, como da mucho gusto ver –siempre- las buenas películas.

