THE GRANDMASTER
Dir.: Wong Kar Wai
Pro.: WKW, Jacky Pang Gui.: WKW, Zou Jingzhi, Xu Haofeng
Fot.: Philippe Le Sourd Mús.: Nathaniel Méchaly, Shigeru Umebayashi Int.: Tony Leung, Zhang Ziyi, Chang Chen
Nacido en Shaghai en 1958 y crecido en Hong Kong, Wong Kar Wai es el más grande de los directores chinos. Primero guionista, realiza sus propias películas desde 1988 y goza de prestigio universal desde el 94, con Chungking Express, Fallen angels, Happy togheter –premio en Cannes-, Deseando amar (In the mood for love) –una obra maestra-, 2046, My blueberry nights… Aunque ya había hecho una incursión en el “wuxia” –cine de héroes de artes marciales- con Ashes of time (1994), vuelve al género para contar la historia del maestro Ip Man y, de paso, para crear una maravillosa sinfonía de imágenes, sonidos, luces, músicas e infinitas sugerencias tan inteligentes como brillantes.
Un proceso de seis años de investigación y documentación, tres años de rodaje, decenas de horas invertidas en cada escena, cada detalle –la secuencia inicial de la pelea bajo la lluvia, de diez minutos, necesitó treinta noches para completarse-, un trabajo ingente de posproducción para conseguir el fantástico aspecto final… y tres montajes diferentes: uno para América, que comercializa Harvey Weinstein; otro para China –seguramente, el más completo-, y un tercero, que es el que conocemos en Europa.
El final de la película, tras los primeros títulos de crédito, muestra al mítico Ip Man en su escuela de Hong Kong, rodeado de sus alumnos; entre ellos, un chiquillo que se hará famoso en todo el mundo bajo el nombre de Bruce Lee. Pero antes conoceremos la vida del Maestro, desde su juventud en Foshan, al sur de China, donde practica el arte del Wing Chun, un sistema de defensa personal imbatible. Allí, en el fastuoso Pabellón Dorado, conoce al anciano Gong Baosen, dueño de los secretos más complicados y poderosos del kung fu.
Ip Man quiere heredar su liderazgo, aunque también lo pretende su primer discípulo y hasta su hija, Gong Er, a pesar de ser muy joven y, además, mujer. Y la guerra con Japón y la atroz invasión nipona –una herida que los chinos jamás van a cicatrizar- obligarán a Ip Man a salir de Foshan, dejando atrás sus ilusiones, su familia y la huella imborrable de su encuentro con Gong Er: un combate íntimo, y la escena de artes marciales más bella jamás filmada. Ambos volverán a encontrarse en Hong Kong, pero antes transcurrirá media vida dominada por las dificultades, la ausencia y el dolor; y también por el sentido del honor y la tradición.

Puede que ese montaje “europeo” al que me refería oscurezca un tanto esta zona de la aventura; no importa: The Grandmaster es mucho más que una película de kung fu; es una indagación y una exposición de la filosofía y la práctica del arte marcial por excelencia: el kung fu como modo de vida, como pasión y como aliento. Seguramente hay que ser chino para comprenderlo en toda su extensión, y Wong Kar Wai demuestra haber llegado hasta la raíz de su conocimiento. Cada momento, cada imagen, cada movimiento, están presididos por un sentido de la poesía, de la melodía y el ritmo que los convierten en un ballet, una danza armónica y majestuosa que deja al espectador anonadado, casi incapaz de percibir todos los detalles en un solo visionado. Los elementos esenciales –la luz, el fuego, el agua sobre todo- cobran dimensión protagonista, y los objetos más sencillos –un simple botón- se convierten en conductores del relato.
Pero además, The Grandmaster es una extraordinaria historia de amor. Un amor perdido, un amor soñado, un amor imposible; constante fundamental en la obra de Wong Kar Wai, aparece aquí en todas sus formas, como un eje paralelo a la columna vertebral del argumento: el amor de Ip Man por su familia, deshecha por la guerra; el amor de Gong Er por su padre difunto, teñido de respeto a la herencia; y el amor de los protagonistas, soslayado, nunca explícito, imbatible pero silencioso. Excepto para la mirada cómplice de Wong Kar Wai: sabia, brillante, respetuosa e implacable: el triunfo de la sensibilidad y la inteligencia.
