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JORNADA 2

Por Dani Arrébola

aTHierrYzando entre un gigante guipuzcoano 

Parece que la cosa está que (t)arde más que de mañanas. Al igual que ocurriera en la jornada inaugural, el bostezo lo hemos tenido recién desayunados y la mariposilla de la emoción en la gran pantalla nos ha llegado pre-cenados. La Douleur se proyectaba a las nueve y media de la mañana en un teatro Victoria Eugenia que respiraba cierta expectación por aquello de ver a una musa del cine francés como Mélanie Thierry como protagonista. Pero la expectación pronto se ha evaporado en un bufido de carga impaciente. La película dirigida por Emanuelle Finkiel es más de lo mismo más Holocausto nazi…más monologo interior -recurso que es deporte nacional cuando el cine francés le da por ponerse a afrancesar la cosa- y más lagrimeo que de tan trascendental se convierte en intrascendente.

A la media hora empiezo irremediablemente a mirar el reloj. Me empieza a importar poco que el protagonista en la sombra y marido de la Thierry, esté vivo o muerto. Ni siquiera me seduce ella, una actriz que suele tener electricidad en cada fotograma. Y llego a la conclusión que lo que estoy viendo es un déjavu de tantas películas encajadas bajo ese hiriente apelativo de «festivaleras». No conecto con los personajes porque no encuentro ninguna novedad en la forma de cómo se presentan los mismos, sufridores de una Francia ocupada por los nazis que carga y descarga camiones de presos no culpables. No obstante, tengo la oportunidad de entrevistar a Mélanie Thierry y no la desprovecho. Le pregunto un par de cuestiones comodines sobre el filme que me ha parecido tan repetitivo y otras tantas sobre nuestra industria. Creo que la he pillado en un día lleno de cansancio o eso decodifico en su rostro. No se moja mucho sobre nuestro IVA, aunque sí se muestra de acuerdo en que al festival le faltan comedias. No obstante, Mélanie luce mucho más espléndida en el cara a cara que tras la pantalla.

Y para espléndido el corpachón y alma del gigante Handia, la película con la que los directores de Loreak, Aitor Arregui y Jon Garaño, han vuelto en este Festival de San Sebastián que suele apostar por la cinematografía autóctona. Me conmueve la forma con la que se relacionan esos dos hermanos, uno que crece…crece…y crece sin parar a causa del gigantismo y el otro herido e inmovilizado de un brazo en la Primera Guerra Carlista. La narración se documenta en hechos reales pero lo que agradezco es que es capaz de arreglárselas para conmovernos y no dejarnos en el lagrimeo fácil. No encuentro nada gratuito en esas lastimeras y miserables exhibiciones de feria a la que se obligado a sufrir este tierno y sacrificado gigantón.

Y los ases del festival -si es que los hay en esta sección oficial-  se hacen de rogar…quizá esperando a una lluvia inminente…de gotas y risas.

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