TORRENTE 5: OPERACIÓN EUROVEGAS
Por Dani Arrébola
Las «pajillas» vuelven a su esencia
Presentar a Santiago Segura a estas alturas de la película -tenía a huevo el juego de palabras- es del todo inútil. Tanto los más pequeños de la casa como los más mayores conocemos muy bien a la persona en su carácter polifacético, como al personaje. Lo que sí viene bien recordar en cada estreno de la saga Torrente, es que probablemente, nos encontramos ante el mejor y más inteligente productor que ha surgido en nuestro país en las últimas décadas. Podrá gustar más o menos o te podrá irritar menos o más su personaje fascista y machista pero lo que no se puede negar es que, de vender y promocionar sus películas, este tío sabe mogollón.
Y nos llega la quinta de la saga que, como todas sus predecesoras, viene repleta de amiguetes de Torrente, todos ellos archi-conocidos de esa fauna farandulera en las que los tráilers ya te acribillan en mostrar, pero en las que también descubres gratas sorpresas que, como nos pidió el propio Segura, no desvelaremos con tal de no hacer chascos al espectador. Esta vez la misión se enmarca en un futuro año 2018 donde Torrente tendrá que reclutar a todo un equipo de «especialistas» para dar el gran golpe del siglo: robar tres casinos en uno…de EUROVEGAS! o lo que es lo mismo, emular a Daniel Ocean y los suyos, «in Spain». Una tarea que vendrá encomendada por John Marshall, la persona que supervisó la seguridad cuando el gobierno y secuaces del PP planificó la barahúnda de Eurovegas, y que está interpretado por un Alec Baldwin convertido, desde la primera promo, en una de las mayores atracciones de la película.
Toda esa fauna de personajes que abanica y oxigena a lo largo del filme el bueno de Segura, funciona en esta ocasión mucho mejor que en las inmediatas entregas anteriores, situándose al buen nivel de las dos primeras. Entre todo ese vocerío y jarana, encontramos como nuevo «companion» de Torrente, a un Jesulín de Ubrique que, sí, va en serio, logra hacer reír. También hacen reír los mil y un seguros de vida que se tambalean por la pantalla como Florentino Fernández, la joven Angy Fernández o Carlos Areces. Y en lo que acierta Segura con buena puntería en lo más profundo de la diana, es en esa inclusión del aroma de la vieja escuela folclórica-humorística que conformaba aquel cine menospreciado de Mariano Ozores: son aciertos dentro de ese caos los papeles para Fernando Esteso y Andrés Pajares. En este sentido, el plano que logra emocionar más allá de la risa en la película, dentro de esa parranda surrealista y selvática, es en el que Segura rescata a su eterno padre en la saga, el fallecido Tony Leblanc, y en el que no ahondaremos en más detalles para no destripar impresiones.
Toda la crítica que imprime Segura en este último Torrente se engrasa y es capaz de exprimir hasta la última pulpa del zumo de naranja que ocasionaría la posible secesión de Cataluña para contentar, con agudeza y socarronería, tanto a los de un bando como a otro. Es ese combo el que organiza Segura, del humor retrógrada de alguien despreciable y totalitario, junto con los reproches sociales de aquellos sucesos plausibles en el inmediato futuro, lo que logra otorgarle a Torrente 5 ingredientes de un filme mucho más profundo y reflexivo que el que pueda parecer a simple vista por su coraza rugosa e irrisoria.
Tanto para aquellos fanáticos de la saga, como para los que no lo son y ni siquiera vieron ninguna de las anteriores entregas, Torrente 5 es una oportunidad cojonuda para pasar un gran rato, sitiarse con más seriedad que ironía en la problemática actualidad y post-actualidad más inmediata de España y, de propina, reconciliarse con una de las mentes más ingeniosas y saladas que tenemos en nuestro cine, llamada Santiago Segura.
Puntuación Ránking Apetece Cine: 7,0
