X-MEN: APOCALIPSIS
Por Dani Arrébola
Sophie Turner dobla el metal y la diversión mejor que Uri Geller y Anthony Blake juntos
Bryan Singer vuelve a enfundarse las capas, artimañas y el poder inherente de los súper-héroes marvelianos conocidos como X-Men que, en esta ocasión, ha de dirigirlos bajo el Apocalipsis imponente que carga el título de la entrega. ¿Un título premonitorio del fin de la saga? Pues lo parece…y no lo parece la verdad, teniendo en cuenta el plus vital que ofrecen los latidos de todo aquello que «se cuela» por allí, es decir, no solamente las secuelas sino también las precuelas, como forma de divertirnos en la dilatación y contracción del tiempo a la que nos tienen acostumbrados (y casi siempre para bien) las incansables mentes y billeteras de Marvel y Fox, Así que mantendremos el heroico corazón bien reservado y los poderes en standby, no vaya a ser que nos pillen en un ¿futuro-pasado? sin ser capaces de volar, sprintar o meternos en las mentes de los demás…como es la metralla principal de la entrega que nos ocupa y que se estrena en esta lluviosa primavera.
Y aunque no aparezcan por la misma ni Anthony Blake ni Uri Geller, en el Apocalipsis extraído de los comics de Marvel y moldeado por el propio Singer y seis manos más, hay espacio suficiente para que las mentes y metales doblen y redoblen no sólo con la belleza insultante de la pelirroja Sophie Turner como la joven Jean, sino también con el imán masculino de un Michael Fassbender humanizado como Eric Lehnsherr y lleno de rabia como Magneto, y lo que nos dejan ver de un Hugh Jackman aquí fantasmal como Logan. El elenco, cómo no, se nutre asimismo del Profesor X (James McAvoy), que, junto a sus alumnos distinguidos Raven (Jennifer Lawrence), Hank (Nicholas Hoult), Quicksilver (Evan Peters), Nightcrawler (Kodi Smit-McPhee) y Cyclops (Tye Sheridan), intentarán adivinar los movimientos del mutante más poderoso de la Tierra, En Sabah Nur (Oscar Isaac), que, tras años dormido, emerge dispuesto a acabar con toda la humanidad…
La metralla se fusiona y se funde bien hilada durante tres cuartos del metraje de más de 140 minutos, donde tan sólo por el final del mismo acusa el estiramiento de un chicle sin sabor, un metal quizás demasiado moldeado por numerosas manos y subtramas que, peligrosamente, pueden confundir el blanco directo del espectador en medio del Apocalipsis. Este blanco no obstante, permanece bien insertado no sólo en las mentes de sus protagonistas, sino también en las de aquellos amantes -y no tan amantes de la saga- que contemplan con disfrute y con cierta sonrisa en el rostro, la comunión solidaria de la que hacen gala los heroicos personajes de Marvel. En este punto, Singer sujeta con las dos manos una entrega plagada de habilidades técnicas pero también de unión y fuerza, no sólo física, sino humanitaria y moral para hacer causa y frente común con el temor «a lo desconocido», una de las frases vertebradoras del film que escucharemos por el principio del mismo. Y es en ese mejunje rico en técnica y narrativa, donde se insertan con éxito y gracia alguna que otra pieza separada que, sin ánimos de destripar, tan sólo diremos que sirve a la perfección para presentar a uno de los personajes a ritmo del Sweet Dreams de Eurythmics.
X-Men: Apocalipsis justifica el precio de cada entrada a través de una dosis de entretenimiento y diversión equipada por un arsenal heroico, poderoso y psíquico que, tan sólo por su media hora final, puede llegar a doblar más la pulsera y el reloj de cada espectador que los metales a los que ha de hacer frente. Con todo, X-Men Apocalypse podría ser un final digno a una saga que, sospechamos, puede no llegar a tener final y a estirarse en la estridencia y en los límites de lo puesto y expuesto. Sería una pena no dar a tiempo la jubilación -que viene, recordemos de júbilo- a tan fantásticos y cercanos súper-héroes.
