1898. LOS ÚLTIMOS DE FILIPINAS

Por Dani Arrébola

Merecen una última guardia de honor 

No por muy famoso el episodio y, sobre todo, el poso que dejó el mismo en forma de sentencia imperial y lingüística es tan conocido en nuestro país el sitio de la iglesia de Baler o, dicho de otro modo, Los últimos de Filipinas. El cineasta Salvador Calvo -con amplia experiencia en la pequeña pantalla- ha sido el encargado de dirigir una nueva y necesaria versión (lejos nos queda ya en la retina la versión de 1945), que produce Enrique Cerezo y que recrea con precisión y mediante un elenco mixto de añejos y lozanos intérpretes, la pérdida en 1898 de nuestra última colonia de ultramar como imperio español.

La acción, adaptada en esta ocasión por el guionista Alejandro Hernández, se sitúa en la isla filipina de Luzón, donde un destacamento español compuesto por una cincuentena de hombres se ve obligado a sitiarse en la iglesia del pequeño pueblo de Baler. Allí, mediante las órdenes del capitán Las Morenas (Eduard Fernández) y del teniente Martín Cerezo (Luis Tosar) permanecerán incomunicados un día y otro…y muchos más (casi un año) sin más esperanza en el horizonte que la del deber y el honor de defender a la patria de los ataques filipinos y sin ser conscientes que estaban haciendo historia a través de una guerra ya terminada.

Mientras el beriberi brota por la piel hastiada de nuestros ingenuos pero valerosos soldados, uno puede seguir con sumo interés el que, probablemente, sea uno de los pasajes más dignos de nuestra dilatada historia. No es nada despreciable el trabajo de Salvador Calvo detrás de la cámara, la cual es capaz en todo momento de mantener firme el pulso con el latido del espectador, pero son sin duda las generosas y creíbles interpretaciones de un reparto estelar -a Tosar y Fernández se les une Javier Gutiérrez como sargento desenfrenado o un Carlos Hipólito como el bienquerido teniente-doctor Vigil- las que permiten salir de la sala con el orgullo y la alegría por bandera. La resistencia mental y carnal (Alexandra Masangkay tienta y canta como los ángeles…o como una diablilla), la duda en forma de deserción, el honor inherente en el deber y viceversa pero también la solidaridad entre hermanos y rivales lucen entre el gualda y el rojo de las últimas gotas de sangre que nuestros antepasados derramaron para un Imperio donde nunca se ponía el Sol.

Y es que a pesar de que el espectador no encuentre algún elemento lo suficientemente innovador como para removerse los sesos, la solidez en la dirección de Salvador Calvo, y el mix formado por curtidos y emergentes actores, sí permiten marcar con muchos más tics verdes que cruces rojas la oportunidad brindada para sitiar Baler en cartelera. Y sí, por supuesto, Los últimos de Filipinas merecieron y merecen una última guardia de honor.

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