ASESINATO EN EL ORIENT EXPRESS

Por Dani Arrébola

A la estación de la justicia en tren de lujo yo viajabaaa…

Sí, otro remake más de otro clásico más de otro bestseller más de otra autora hiperconocida más… nos llega a nuestra cartelera. Pero si llega de una forma suficientemente digna como este nuevo Asesinato en el Orient Express dirigido y protagonizado por Kenneth Branagh pues… como que no nos debería importar mucho esperar al tren y subirnos de nuevo al mismo. Por allí todo sigue más o menos igual que cuando hace más de 40 años acompañamos a los pasajeros que conformaban aquel misterio escrito por la célebre Agatha Christie… con sus camerinos ataviados de elegancia y su cocina exquisita para los comensales de primera clase. Vamos, que como cantaba El Consorcio/Mocedades uno le coge el gustillo a esto del Chacachá del tren.

Y por supuesto acompañaremos al prestigioso detective belga Hércules Poirot (Kenneth Branagh) en su acomodamiento in extremis de primera clase a bordo del Orient Express. Y mientras viajemos con él, seremos testigos no solamente de su transparente inteligencia sino de su vasto sentido de la justicia: un asesinato a plena noche se ha producido durante el trayecto… todos los pasajeros del mismo vagón son sospechosos de ser los asesinos y , claro está, Poirot no cesará en sus investigaciones hasta dar con el/la culpable porque «en este mundo sobra mucha gente pero no por ello tenemos que ir matándoles».

Teniendo en cuenta que uno puede esperar pocas sorpresas de todo un clásico literario y fílmico como este, el resultado final que nos propone Branagh merece por lo menos un aprobado alto. Podemos justificarlo por varios y buenos motivos que encontramos en el filme: aspectos técnicos milimetrados cuyos cenitales en lo alto del interior del tren y los travellings tras las ventanas del mismo nos aportan esa asfixia de misterio tan propia de la novela; un elenco con rostros bien potentes y familiares entre los que destaca una resucitada y fascinante Michelle Pfeiffer, además de contar con el buen hacer de Penélope Cruz en su histeria como misionera, la solemnidad de la siempre eficaz Judi Dench, el seguro de vida llamado Johnny Deep, la sombra bien prolongada de Willem Dafoe o incluso el propio bigote tan imponente del justo, consecuente y sacrificado Kenneth Branagh como el gran arquitecto de este remake. Y el menú de ingredientes que podemos encontrar en esos raíles que, a pesar de descarrilar por el camino no terminan por accidentarse en ningún momento, sugieren un interesante debate interno sobre el sentido de la justicia coral cuando la misma se enfrenta al de la ética, impotencia y rabia.

A pesar de que al espectador más nostálgico le pueda parecer insuficiente y poco nutritivo esta vuelta del trayecto con más misterio de la ficción, hay que reconocer que este nuevo Asesinato en el Orient Express se las apaña para no salirse de los rieles del entretenimiento y mimando sus mejores armas que se encuentran en las carnes y pieles que viajan por el mismo. Quizás podamos reprocharle algo más de valentía, por ejemplo a la hora de engrasar su motor con un barniz de mayor riesgo y originalidad, pero al fin y al cabo será ese otro espectador al que la clásica versión del 74 ya le quede bien lejana en el tiempo y la mente (o directamente no la haya visto) quien decidirá en un debate interno si vale la pena pagar o no el billete con destino a la estación de la justicia.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *