BILLY LYNN
Por Dani Arrébola
¡Héroes! o ¿Héroes?
Con la particularidad técnica de ser la primera película de la historia en ser filmada a 120 fotogramas por segundo -más allá de una nitidez impecable los ojos del que escribe no han sabido ver la diferencia con respecto a los 24 fotogramas convencionales- Billy Lynn aterriza en nuestra cartelera en los bolsillos de Sony y en el pulso del siempre exquisito cineasta taiwanés Ang Lee. La película partía meses atrás como una de las favoritas para ir cosechando elogios y premios que no obstante no han acabado de llegar pero, una vez vista esta cinta tan pionera en su concepción, podemos sospechar que el ninguneo de laureles yankees puede responder más a un puñetazo en sus propias entrañas nacionales que a una ausencia de interés y calidad. Eso es, y por decirlo de una manera «políticamente» correcta, Billy Lynn nos va a gustar mucho más a los europeos que lo que ha gustado a la América profunda de Trump y TrAmposa.
La historia, que adapta la novela de Ben Fountain, nos presenta a la patrulla Bravo, soldados supervivientes de una de las múltiples batallas de la guerra de Irak, con un detalle que los hace algo más héroes que el resto: una cámara captó accidentalmente cómo el soldado Billy Lynn (Joe Alwyn), disparó a un rebelde iraquí para tratar de salvar su vida y la de uno de sus compañeros. Es por eso que a su retorno momentáneo a los Estados Unidos, son recibidos como auténticos héroes en el Día de Acción de Gracias, donde uno de los clubes de fútbol americano más prestigiosos del país les ha preparado una jornada inolvidable con aroma a felicidad y patria a raudales.
A través de los flashbacks de un atormentado protagonista iremos descubriendo mucho más que un estrés post-traumático bélico. ¿Somos realmente héroes que hemos salvado a nuestra nación, o nuestro deber y bandera realmente importa poco en un país que se excita únicamente por el show y los billetes? Ang Lee teje este dilema moral de una manera tan accesible para todos los públicos que los propios americanos serán incapaces de rebatir las vergüenzas que lucen en este escaparate. En este aspecto, cada personaje nos aparece inteligentemente construido, la hermana de Billy (Kristen Stewart) representa la coherencia fraternal que necesita un soldado traumatizado y desubicado, la chearleader sexy y romántica no es más que el deseo carnal prohibido pero también la esperanza de crear una familia anulada en la factura provocada por la guerra y, el magnate del club que encarna un serio Steve Martin constituye la hipocresía en persona.
Es cierto que Billy Lynn tampoco sería una de esas películas «redondas» y que la misma circundea entre un zigzag de highlights y mensajes a veces disparados con balas de fogueo, pero no es menos cierto que estamos ante una película que te permite re-ubicarte en el tablero de juego de la ética empleada al otro lado del charco y, sobre todo, Billy Lynn te permite jugar a cambiar sus signos de puntuación…¡Héroes! o ¿Héroes?
