PAUL NEWMAN: La mirada fulminante

565 páginas es el conjunto total de la biografía escrita por el crítico cinéfilo Shawn Levy al que probablemente sea el actor con más magnetismo en pantalla de todos los tiempos. Páginas en las que el lector descubre la vida de Paul Newman de la forma casi en cómo la vivió: un ritmo frenético que hizo de él un hombre constantemente ocupado ya sea por su carrera cinematográfica, como por sus demás carreras literales como piloto profesional de diferentes fórmulas automovilísticas fruto de su extrema pasión por los bólidos. Sin olvidar además su actividad filantrópica gracias a su exitoso imperio con la marca de salsas de aliño «Newman’s Own» recaudando millones de ingresos destinados a obras humanitarias. Un proyecto de éxito que, por cierto salió de la más absoluta espontaneidad con la que vestía Paul: un buen día de 1982 Paul cenaba en casa con unos amigos y se dio cuenta que sus salsas caseras para ensaladas sabían mejor que las que compraba en los supermercados por lo que le preguntó a su amigo A.E.Hotchner  : ¿»Y si comercializamos esta nuestra salsa casera?».
En cierta ocasión dijo Paul que la carga más pesada que le había tocado aguantar eran sus ojos azules. Y nuestro protagonista no lo decía con ironía, para nada, sabía perfectamente que sus preciados ojos suponían un continuo fastidio irremediable para todos aquellos “envidiosos” o con miopía cinéfila que no sabrían apreciar su talento como intérprete o no querían ver nada más allá de un privilegiado rostro suficiente para convertirse en súper-estrella y ganarse bien la vida.Y la vida se la supo ganar bien, en efecto, porque valga la redundancia sí se convirtió en una super-estrella del cine, en el actor más conocido durante muchos años y en el más requerido por las grandes productoras y directores más destacados de cada década.

Pero este éxito no se lo ganó por la vía exclusiva de su “físico insultante” como la mayoría podría prever, que va, sino por su constancia y su enfermizo carácter autodidacta que le hicieron superarse desde bien principiante en todas y cada una de sus películas a medida que avanzaba en su carrera. Buena prueba de esto último son sus nueve nominaciones a los Oscar y su única “victoria” en tales galardones ya en las postrimerías de su carrera levantando la estatuilla como mejor actor principal en 1986 por su papel del mítico Eddie Felson en “El color del dinero”, justo un año después de levantar el premio honorífico a su prolífica y abanicada filmografía.Y es “El color del dinero” la película en la que enseña a jugar al billar a un jovencísimo Tom Cruise, al que muchos vieron como el futuro Paul Newman, el mayor reflejo de la vida de nuestro protagonista. Así, joven golfo por dentro, viejo experto por fuera, combina radiante golfura e irresistible caballerosidad. Un tipo que enseña a jugar al billar porque es el puto amo en esto y que enseña a conquistar a las mujeres como bien lo hace Paul en una de las primeras escenas de este remake de “El Buscavidas».

De actuaciones memorables tenemos la del mítico Henry «Shaw» Gondorff aquél impostor jugador de póker capaz de simular estar borracho para quedarse con todo junto a su inseparable amigo Robert Redford dirigidos por su otro gran amigo George Roy Hill; también inolvidable y junto a los mismos protagonistas como reparto y dirección y a la muy sexy Katharine Ross  el reflejo de Butch Cassidy en «Dos Hombres y un Destino», en el que aquél de ojos azules parece disfrutar al máximo de los pequeños placeres de la vida sin inmutarse de la fatalidad que sabe que el destino le tiene condenado. O como no, hablando de condenas y fatalidades, la excelente actuación de Newman en «La leyenda del indomable», que logra hacer un nudo en la garganta al espectador a base de su tan logrado homenaje a la tozudez y rebeldía con una escena para el recuerdo: comer 50 huevos duros en media hora. Y quedaría algo estéril no mencionar su trabajo en «La gata sobre el tejado de zinc»,que le valió una nueva nominación al Oscar. En esta ocasión se junta con la única actriz capaz de desafíar a sus ojos azules, Elizabeth Taylor aquella que hipnotizaba a la pantalla con sus ojos violeta. El personaje de carácter atormentado y refugiado en el alcohol que consigue con Brick, hace fundir al espectador en una magia conjunta creada por las dos miradas más penetrantes de Hollywood.

El público regaló a Paul Newman un cariño perpetuo y eterno algo difícil de conseguir en el mundo del séptimo arte, pero es que Paul regaló parte de sus ojos azules al público.
(Elegido por la revista Times como el mejor actor de todos los tiempos. Tom Hanks y James Stewart completan el podio.)

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