INCIERTA GLORIA

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Por Dani Arrébola

¿Qué pide a cambio la Carlana? 

Siempre despierta un merecido entusiasmo cualquier estreno del cineasta balear Agustí Villaronga, cuya obra Pa negre recibió el aplauso unitario de crítica y público (además de nueve premios Goya y otros tantos premios por el camino). Excelente adaptador de novelas ambientadas en tiempos difíciles, el que es uno de los cineastas más en forma de nuestro país se atrevió con el proyecto y estrena ahora la adaptación de Incierta gloria, novela escrita por Joan Sales, el que algunos llaman «el Dostoiesvki de la terra» y no por ello tan inmensamente conocido más allá de Cataluña.

La historia nos sitúa en pleno frente aragonés de la Guerra Civil, durante Junio de 1937 en el que el bando nacional y el republicano «convivían» matándose poco a poco con el preciado premio de conquistar algún pequeño pueblo del Ebro y unos cuantos recursos para la causa. En ese meollo y en medio de un páramo desierto se encuentra Lluís (Marcel Borràs), un teniente republicano que, a pesar de estar casado con la lozana y humilde Trini (Bruna Cusí) y tener ambos un hijo común, el pequeño Ramonet, se verá irremediablemente fascinado por una viuda cuarentona, llamada Carlana (Núria Prims) y de cuyas artes maquiavélicas será advertido Lluís por su íntimo e ¿inseparable? amigo Juli Soleràs (Oriol Plà).

La mezcla de actores de una generación inolvidable como Terele Pávez, Juan Diego o Fernando Esteso, junto a la una nueva ola catalana que viene pisando fuerte (Oriol Plà y Bruna Cusí lucen entregados a sus difíciles personajes), supone todo un acierto en una obra que partía con evidente riesgo de derruirse por el camino y del que Villaronga ha esquivado con oficio, tesón y energía. Este brío con la cámara no se centra apenas en el frente, sino que se resguarda en la intimidad de unos personajes tan generosos como creíbles, sobre todo el de la ardua y taimada viuda encarnada notablemente por una resucitada Núria Prims, al que el velo le sienta como anillo al dedo… el mismo que buscará entre el papeleo y el corazón roto a cambio de…pues a cambio de mucho y nada. El espectador querrá pedir la misma compensación por cada favor en pantalla que los protagonistas a esa estigmatizada viuda, pero la Carlana tan sólo nos pedirá su contemplación para el gozo y disfrute de un frente cuya trinchera aparece en un castillo y que se nos quedará en la retina más allá del tiempo sospechado en un principio, sobre todo cuando los más nostálgicos aplaudan la lograda recreación del metro barcelonés y sus paradas del 37, en este caso la estación de Lesseps.

Incerta Glòria, que es su título original en catalán y que resulta indispensable disfrutarla con el acento de cada uno de sus protagonistas (el de Luisa Gavasa como mañica es tan creíble como la piel real de los conejos que despelleja), es un nuevo aúpa en la filmografía de Villaronga a la vez que un testimonio de lo que una Guerra (y hay que insistir que la munición y fogueo se deja aquí para otra ocasión) es capaz de provocar en cada una de las «víctimas» que sobreviven por la misma: pasar la pantalla de los corazones, familias, deseos, humillaciones y obligaciones de un nivel sencillo intermedio a un  MODO MAESTRO.

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