| |

LA NOCHE QUE MI MADRE MATÓ A MI PADRE

Por Dani Arrébola

Nuestro arsénico por compasión y con pasión un arsenal en la mansión 

«Te ha salido a la primera», me dice Inés París, directora de La noche que mi madre mató a mi padre, justo antes de entrevistarla y decir el título del film que dirige y sumergidos en el paisaje incomparable que ofrecen las vistas de la terraza del AC Palacio de Málaga, uno de los cónclaves de la prensa y artistas en el Festival de la capital de la Costa del Sol. Ya co-dirigió junto a Daniela Féjerman un título con peso y guiño maternal pero desde aquel A mi madre le gustan las mujeres, han pasado 15 años y miramos el crono de Inés como la de una directora in crescendo no sólo con su arte sino también con su honestidad que, al fin y al cabo, todos vamos encontrando en nuestro camino. Y lo que acaba de construir la realizadora madrileña es algo así como un arsénico por compasión a nuestro estilo, salvando las lógicas distancias y los imperdonables años, pero al fin y al cabo rescatándonos una comedia con tintes de Capra que, en estos tiempos, merece toda nuestra bendición y agradecimiento.

Y para poder nutrirnos de una historia dinámica, enérgica y con un sinfín de cambios de ritmo que funcionan casi siempre, precisaba la misma de un elenco de Champions League. Por una mansión también de champions, se pasean y conviven Belén Rueda y Eduard Fernández, que son Isabel y Ángel, y que son actriz y guionista de cine ansiosos por buscar el sí en su nuevo proyecto del actor Diego Peretti, que hace de sí mismo, y que tendrá que lidiar además con Susana (María Pujalte), también guionista y ex-mujer de Ángel. Un momento porque el cuadro a lo Woody Allen de esta chicha cinéfilo-familiar no acaba aquí: a la cena que los anfitriones han preparado para convencer a Peretti, se les sumarán Fele Martínez y Patricia Montero, es decir, el ex de Isabel y su nueva pareja. ¿Pero será en realidad toda una velada lastrada por la fortuita casualidad o alguien de los que está cenando en esa mansión habrá ideado todo un plan con tal de lograr sus verdaderos propósitos?

Inés París construye y moldea toda una fachada de imprevistos, situaciones y emociones que conectan desde el primer minuto hasta el último con un espectador que asiste a esta loca y exótica noche con una sonrisa dibujada y pegada en el rostro. El guión compuesto a cuatro manos por la propia Paris y por Fernando Colomo, precisa sus giros siempre en su sitio y dota de oxígeno cuando toca y de carrerilla cuando se solicita, en todo un homenaje a aquél cine clásico americano que no tenía complejo alguno en presumir de lo divertida que puede ser y es la alta alcurnia. Pero todo ese guiño al lujo callejero y al estrés que el mismo conlleva, no sería posible sin la humanización de un reparto de actores que rayan a la altura de la generosidad que les requería la cinta: al siempre seguro de vida que es Eduard Fernández, se le suma una rebelde y atormentada Belén Rueda a la que le sienta igual de bien un género que hasta ahora nunca había tocado. Y si Peretti es el personaje con el que más y mejor se familiariza -en esa «familiarizadísima noche»- con el espectador, María Pujalte, Fele Martínez y una sorprendente Patricia Montero, no se quedan atrás y participan en el lienzo salpicado de humor, picardías y, siempre, equipado de un excelente gusto fílmico en todo un arsenal por la mansión.

La noche que mi madre mató a mi padre es un buen rato asegurado y es, en efecto, mucho más que una comedia con un gran reparto en estado de forma. Es en cierta manera un homenaje al buen cine, como un buen dry-martini lo es a la elegancia de un sábado noche, Ines París ha recuperado un género al que le hacía falta una buena corbata y un buen traje de lino, la distinción de aquellas alocadas y pluscuamperfectas comedias del Hollywood dorado.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *