¡LARGA VIDA A LAS SAGAS!

Por Daniel Arrébola

Segundas partes nunca fueron buenas… ¿Seguro? No sé quién sería el primer iluminado en afirmar con contundencia tal frase convertida hoy en dogma entre el mundo cinematográfico y artístico, pero lo cierto es que si atendiendo a los hechos (números, taquillaje, calidad argumental…) no deja de ser uno de los dogmas menos verdaderos de la historia.

¿Acaso la segunda parte de El Padrino deja algo que desear con respecto a su predecesora? ¿Es, la cuarta de la saga Rocky, menos entretenida que las primeras? ¿Y qué me dicen de la saga Bond? Goldfinger arrastraba el peso de Dr.No y de Desde Rusia con amor y el acuerdo cinéfilo común afirma que superó ampliamente a ambas tanto en calidad como en entretenimiento. También en mi opinión, la segunda entrega de Star Wars (ese universo incomparable creado por George Lucas) supera con creces a la primera entrega. O, sin ir más lejos, la reciente Top Gun: Maverick, la crítica ya la encumbra como un par o tres de escalones por encima de su clásica e imborrable hermana mayor que definió a toda una generación ochentera. Así es: como todo en la vida, nos encontramos sagas cuyas secuelas y precuelas son peores, regulares o mejores.

En este excelente artículo escrito por Lionel Marrero, editor del estupendo blog Soy de Cine, podemos encontrar toda una retahíla de las mejores sagas de películas de la historia del cine. A las ya citadas de El Padrino, Rocky y Star Wars, se le unen otras como la terrorífica Saw que tantas salas de ávidos y temerosos espectadores llenó; las creadas por ese genio llamado Steven Spielberg como Jurassic Park o Indiana Jones o, incluso para los amantes de la animación, Lionel también nos habla sobre Toy Story con la que Pixar se presentó en sociedad al mundo.

Convendría invertir tiempo en no solo ver y disfrutar de las secuelas de estas sagas que tanta felicidad han provocado en un sinfín de generaciones, sino también en limar esos dogmas de los que hablábamos al principio y que, a base de repetirlos, se convierten en falsas verdades. No sería mejor hacer una huelga eterna de juicios dogmáticos para así poder disfrutar de cada una de las entregas con nuestro cubo de palomitas y refresco? Yo lo tengo claro: seguiré yendo al cine a ver todas las secuelas posibles… ¡Larga vida a las sagas!

 

 

 

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