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DAREDEVIL

Por Samuel Fonfría 

Daredevil y su compañera: la iluminación 

La serie nos narra la historia de Matt Murdock, un abogado que vive en la Cocina del Infierno, un barrio de Nueva York. Afincado en estas calles problemáticas, Murdock intentará solucionar los conflictos que acechan la ciudad pero no como abogado, sino como Superhéroe: Daredevil.

Daredevil se propone ser un producto serio y lo consigue con creces. Estamos acostumbrados a ver los productos audiovisuales de superhéroes en los cuales lo único importante son los puñetazos y explosiones. En cambio, Daredevil da un paso más, dejando la mediocridad de lado. Tan sólo hay que ver la diferencia abismal entre la película y la serie.

Uno de los grandes puntos a favor supone la evidente realidad de la trama. La naturalidad del superhéroe. De entrada, parte con una desventaja ya que es “ciego”. Esto lo hace más vulnerable y más cercano al espectador, permitiéndole al mismo poder identificarse como si fuera un personaje cualquiera. A todo esto hay que sumarle la gran actuación que realiza Charlie Cox (Daredevil).

La serie se presenta con un guion que resbala en algunas ocasiones aunque casi no afecta al desarrollo de la trama. Una iluminación esencial que llega a transmitir mucho más que los propios personajes en diversas ocasiones y que logra jugar un papel fundamental cuando aparece en pantalla Daredevil. En general, la ambientación conseguida con la iluminación y el color consigue que cualquiera se introduzca de lleno en la situación que la serie nos plantea.

Daredevil es una gran opción para disfrutar de una buena serie que no solamente se contenta con acomodarse a los tópicos de un producto de superhéroes, sino que va más allá buscando transmitir algo más que mera adrenalina heroica.

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