RECUERDOS DESDE FUKUSHIMA
Por Dani Arrébola
Es mi pasado. No el tuyo. Es tu recuerdo. No el mío.
Desde Alemania en cuanto a su producción pero también y, sobre todo, desde Japón nos llega a nuestra cartelera Recuerdos desde Fukushima, la última película de la cineasta teutona Doris Dörrie que, ya de entrada, cuenta con el aliciente de haber cosechado dos nominaciones en los nada poco respetables Premios del Cine Alemán.
Escrita por la propia Dörrie la historia nos presenta a Marie (Rosalie Thomass) una joven alemana voluntaria de la asociación Clowns4Help que viaja desde su país natal hasta Fukushima con tal de hacer borrón y cuenta nueva a un pasado que iremos descubriendo poco a poco…muy poco a poco. Por allí intentará hacer la vida mejor a los habitantes que sufrieron la catástrofe nuclear ocurrida en 2011 en los alrededores de la ciudad nipona. Marie experimentará muy pronto esos cambios que buscaba en su viaje desde el mismo momento en que conozca a una misteriosa e imponente anciana…la última geisha del lugar.
Y el regalo en un elegante blanco y negro lo iremos desenvolviendo lentamente y degustando con sosiego a medida que conozcamos y nos familiaricemos con las dos grandes protagonistas del filme. La unión de dos culturas, que no son otras que la oriental y la occidental, será el eje principal de un abano temático que involucra al pasado, presente y futuro jugando con el folclore espiritista siempre tan presente en el imperio del Sol naciente. La recuperación, la esperanza (y desesperanza), la amistad y la carga y descarga del pasado serán los motores con los que Marie y Satomi, esa obcecada pero tierna anciana, se moverán por la pantalla en unos planos que parecen filmados con guantes de seda.
Recuerdos desde Fukushima no es una película para el disfrute de todos los públicos, ni siquiera podría agradar a todo ese segmento que conforman los espectadores más rebeldes e independientes; pero sí que a una porción de estos últimos les valdrá la pena (y mucho) pagar su entrada para contemplarla y disfrutarla. En ese público el filme encontrará una comunión tan cultural como espiritual, un pasado tan del otro como nuestro…unos recuerdos tan exclusivos como compartidos.
