INDEPENDENCE DAY: CONTRAATAQUE
Por Dani Arrébola
Los extraterrestres ya no están ni para partido de homenaje
Veinte años después de aquella invasión que nos acongojó más de lo que pudiéramos sospechar -y de la que Will Smith salió como héroe universal- el ya desinhibido Roland Emmerich, vuelve a traernos a sus criaturas extraterrestres en la secuela de Independence Day, con el subtítulo de Contraataque y con más ruido y metralla cargando en su ancha y espacial espalda que verdadera calidad narrativo-técnica. Ya no aparece Will Smith para rescatar a la civilización – no sabemos si por algún laberinto contractual que le impidió firmar su inclusión en el proyecto o, porque directamente el príncipe de Bel Air se quedó ya saciado de matar a criaturas foráneas- pero sí repiten Bill Pullman y Jeff Goldblum en un elenco lo suficientemente atractivo y que se va completando con nombres (o renombres) como Liam Hemsworth o Charlotte Gainsbourg.
Carter Blanchard es el encargado de escribir esta nueva invasión extraterrestre de la que presumimos, será aún mucho más complicado hacerle frente y salir airoso que en la primera «visita». A pesar de contar con las mil y una máquinas posibles para hacer frente a estas terribles criaturas (más terribles que los propios seres humanos, que ya es decir), la defensa terrícola no será suficiente para combatir a unos enemigos renovados y famélicos por destruir todo lo que lata en nuestra querida y maltratada Tierra. Así las cosas, sólo unos cuantos elegidos, hábiles pilotos militares (como Liam Hemsworth) y mentes brillantes como la del ex-presidente Whitmore (Bill Pullman) o la del científico David Levinson (Jeff Goldblum), podrán hacer frente una vez más a la gran amenaza del fin de la humanidad. Parece que esta vez…no hay nada que hacer ¿ o sí?.
Que Roland Emmerich ya esté pensando en deleitarse más a sí mismo que a los espectadores es un hecho que ya no nos debería sorprender a estas alturas «de la película»,pero es que y aun con ese gravamen en la factura, la altura en la película, a pesar de volar constantemente entre los cielos de La Tierra y de la Luna, se mantiene extremadamente confusa como para combatir la causa. ¿Cómo vamos a ponernos el traje de combate y coger la munición alienígena si ni siquiera los enemigos están para un partido de homenaje? Hay más cáscara que fruto, más continente que contenido y más decepción que sorpresa en esta secuencia que parece llegar con el bastón en la mano y picar a la puerta sin aliento y con jadeos. Los extraterrestres ya no acojonan como antaño y cuesta ver con nitidez una sola de las varias subtramas que se van desarrollando por mar, tierra y aire en busca de un núcleo físico de NoSéQuéNoSéCuánto que porta -cómo no- la bandera yankee de adorno colosal en su chasis.
Una vez sobrevives a las dos horas de metraje de Independence Day: Contraataque, adviertes que el susto te lo han dado más los humanos que los extraterrestres, es decir, aquellos que nos han mareado de metralla y munición técnico-narrativa para acabar -simplemente- disparando a unos monstruos -más regordetes y mejor alimentados que sus antepasados- cuya única demanda -bien clara y decretada sin mareos- era aniquilar el planeta. Como siempre, que cada quién decida si le apetece más pagar por este día de la Independencia sideral o, por contra, soportar cualquier otro Brexit terrícola…
