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SE APAGARON LAS LUCES

Con el centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial en 2014, los medios de comunicación se llenaron de dosieres especiales, reportajes, documentales y películas sobre el conflicto. Las editoriales lanzaron una potente campaña con obras que recogían las visiones sobre una contienda que aún despierta un gran interés entre los historiadores. Para comprender sus raíces, la BBC se sumó también a la celebración con 37 días, una entretenida y sobre todo didáctica miniserie sobre los días previos al estallido de la guerra.

Con esta producción, el realizador Justin Hardy y el guionista Mark Hayhurst, dos veteranos de la televisión británica, logran desmenuzar en tres capítulos el juego político que precedió a la Gran Guerra con un guion centrado exclusivamente en la diplomacia y, aun así, dinámico. Ambos cuentan con la experiencia de haber participado en varias producciones de carácter histórico que, juntamente con el sello de los documentales de la cadena BBC, avala el rigor de los hechos explicados.

Protagonistas de un salto al vacío

Humanizando a los principales líderes y diplomáticos que, por falta de capacidad o de voluntad, no evitaron la catástrofe, 37 días muestra algunos de los principales detonantes del conflicto. En un viaje entre Londres, Viena y Berlín, conocemos a un joven y belicoso Winston Churchill o al irascible Guillermo II de Alemania, quienes personifican el orgullo nacional y las aspiraciones expansionistas de los grandes imperios que terminaron colisionando. Así mismo, observamos las políticas de alianzas poco estables que existían entre estados, sorprendentemente, gobernados en varios casos por monarcas con vínculos familiares. “Querido Nicky” y “Querido Willy” encabezaban las cartas que se enviaban el káiser Alemán y su primo, el zar Nicolás de Rusia, en las que se declaraban la guerra.

El gabinete del gobierno británico de '37 días'. Fuente: www.bbc.co.uk
El gabinete del gobierno británico de ’37 días’. Fuente: www.bbc.co.uk

Otro de los personajes más destacados de ese período es el de Sir Edward Grey, el ministro del Foreign Office inglés convincentemente interpretado por Ian McDiarmid (quien dio vida al emperador en La Guerra de las Galaxias). Si bien su protagonismo y su carácter conceden a Inglaterra cierto carácter conciliador en las negociaciones frente a la agresividad del Káiser alemán, varios historiadores señalan que el deseo de guerra estaba muy extendido entre los gobiernos de los futuros contendientes. La complejidad de las relaciones internacionales y el juego de intereses económicos, políticos y militares hacen que muchos investigadores se inclinen por unas responsabilidades muy compartidas. Como afirma mi profesor de historia, ‘en la guerra no hay buenos y malos; hay malos y peores’.

Teniendo esto en cuenta, 37 días resulta una herramienta fantástica para aproximarse al germen de lo que sería la Primera Guerra Mundial. Tras los memorándums y las declaraciones de honor y orgullo, la  guerra que todos los estados mayores preveían corta y rápida duró cinco años y movilizó a más de 70 millones de soldados. La ciencia y la tecnología más avanzadas se pondrían al servicio de la estrategia bélica, elevando el conflicto a unas cotas de violencia y destrucción nunca alcanzadas hasta el momento. El viejo continente quedaría devastado y morirían 10 millones de personas. Como vaticinó Sir Grey: “las luces se apagarían en toda Europa, y nunca más volverían a brillar de mismo modo”.

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