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THE IMITATION GAME (DESCIFRANDO ENIGMA)

Por Dani Arrébola

El genio de Cumberbatch para un delicioso juego matemático

Este ha sido el año del salto en bomba hacia el otro lado del charco del joven y prometedor cineasta noruego Morten Tyldum. Tras arrasar en laureles en su país natal y en media Europa con su ópera prima Buddy (2003), y obtener el pleno reconocimiento de público y crítica con aquella historia de robos e intrigas por varias galerías de arte titulada Headhunters (2011), Tyldum ha sido el elegido por la productora del señor Weinstein para filmar lo que, en principio, ha de ser una de las obras más atractivas del año que está a punto de comenzar y que lleva por nombre The imitation game (Descifrando Enigma).

Y la historia nos presenta la vida -ahora que los biopics copan nuestras carteleras en casi todas las semanas- del matemático británico Alan Turing (Benedict Cumberbatch), que se hizo célebre por lograr lo que a priori era imposible: descifrar los códigos secretos que usaban los nazis con su máquina Enigma. La cinta se centra en la objecación de la sociedad británica por ofuscar la figura de Turing, motivada por su reconocida homosexualidad y que le impidió convertirse en lo que merecía: un héroe.

Es digno de alabar el trabajo de Tyldum -sobre todo en la primera hora del filme- pero lo cierto es que si alguien es culpable de mantenerte ensimismado en la pantalla no es otro que Benedict Cumberbatch, quizás el mejor actor británico que ha surgido en los últimos diez años.La construcción interpretativa que logra el protagonista está llena de delicadeza, sutileza y equilibrio y, todo eso batido, permite al espectador que celebre junto a él cada triunfo que llega en la trama en la misma medida que se abate con cada chasco. Y en este punto sí que hemos de reiterar el esfuerzo del director: Tyldum consigue que tanto el júbilo de las pequeñas victorias como la tristeza de las pequeñas derrotas que se van personando por la trama, queden enclavadas en el punto de cocción preciso y matemático para el paladar del espectador. La película pues aprueba con nota esa esencia del lenguaje cinematográfico que, inexplicablemente, tanto cuesta de lograr y que no es otra cosa que entretener al que paga.

Quizás, la película acuse una ligerísima falta de fuerzas por su coleteo final, más centrado en la llaga padecida por Turing acerca de su orientación sexual que en bañarse en las consecuencias históricas que supuso el descifre, pero el confort del pasatiempo -y de los muchos crucigramas que aparecen en la cinta- abunda tanta carga positiva a lo largo del metraje, que sería demasiado cruel regañar al resultado por ello. Tampoco es que brillen con la fuerza necesaria para hacer sombra a Cumberbatch unos secundarios encabezados por una discreta y perspicaz Keira Knightley como esposa «pseudo-convencional» de Turing, pero sí que interpretan sus roles de forma disciplinada y comedida, con la convicción de no romper ningún jarrón en escena ni de estropear todo lo ganado.

The imitation game es una cinta ideal para fechas navideñas que, gracias a su mar de números decodificados y a su calculada táctica estructural, juega y entretiene a nuestro músculo más preciado, que no es otro que el cerebro. Una película que incluso puede por sí misma reconciliar a varios desertores nostálgicos de cine clásico, que en su día marcharon de la gran pantalla y que ahora vuelven a tener esta preciosa oportunidad. Altamente recomendable.

Puntuación Ránking Apetece Cine: 7,0

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