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The Old Oak: maniqueísmo pobre y miserabilismo.

La dupla Loach-Laverty está de regreso con un film que trata, sin éxito, de establecer correspondencias entre la crisis de los mineros británicos en los años ochenta y la nefasta circunstancia de la migración siria. Lamentablemente, no hay ningún pensamiento tras las imágenes que componen “The Old Oak”, sólo mera exhibición de un conflicto específico que ni tan sólo se resuelve. Da la sensación que en “The Old Oak”, película que nos habla de un pub muy antiguo que sigue en pie gracias a sus fieles clientes, conviven dos historias que no casan: la citada y la gestión de los vecinos respecto a los refugiados sirios. El propósito del guión es mancomunarlas, haciendo del bar un espacio para la probidad y la unión. Sin embargo, el film es un naufragio, pues habla en nombre de una moral que no se corresponde con la complejidad de la situación a la que se apela.

El cine de Ken Loach casi nunca plantea preguntas, sino que fuerza las respuestas, con tal de buscar el posicionamiento del espectador que él necesita. Esta decisión conlleva a que sea deshonesto con el público, injusto con los personajes y simplista con las tramas. Parece mentira que sea el mismo autor de un film tan poético como “Kes”, que basaba su relato en la imagen matricial de un niño fascinado por un pájaro. Loach, con el paso de las décadas, ha ido renunciando a ese aliento poético, para hacer del cine una herramienta a su favor. Esta cuestión, sin embargo, no implica que sus películas no puedan suscitar una concienciación por parte de los receptores. No obstante, siempre existirá un sesgo en su acercamiento a los problemas subrayados. Porque “The Old Oak” es una película que cree ser empática, cuando realmente necesita autojustificar constantemente aquello que cree defender. Expone una pequeña parte de una coyuntura mucho más ardua, y banaliza la palabra para exponer las desgracias que le van sufriendo al propietario del bar. Una de ellas es la muerte de su perra a manos de otros perros agresivos, y este suceso intenta buscar, en vano, una simetría narrativa de cara la definición psicológica tanto de él como de la joven siria que lo apoya El momento de la exposición de las fotografías de la segunda o su paseo por la iglesia podrían funcionar desde una lógica dialéctica, pero todo queda restringido a un relato indecoroso de causa efecto.

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