UNA NOCHE PARA SOBREVIVIR
Por Dani Arrébola
Liam Neeson y Collet-Serra siguen vivos una noche…y tres películas después
«Rodaría hasta comedias románticas con Collet-Serra», palabras que no son de un cualquiera en esto de la industria audiovisual, sino de todo un Oskar Schindler o, mejor dicho, de un Liam Neeson que no ha cesado en elogiar a su director en el sinfín de entrevistas a las que ha ido atendiendo en los últimos días con motivo del estreno en nuestras salas de Una noche para sobrevivir, su tercera colaboración con el cineasta catalán -nacionalizado ya hollywoodiense– Jaume Collet-Serra. Y es que, resulta difícil en estos tiempos cinéfilos encontrar una relación tan fructífera como la que llevan alimentando el realizador barcelonés y el célebre intérprete los cuales, tras Sin identidad (2011) y Non-Stop (Sin escalas) (2014), completan una terna de títulos enlatados en el tan quemado género de acción, a la que, presumiblemente y viendo el buen sabor de boca que van dejando en cada uno de estos flargometrajes, les continuará una cuarta y quién sabe si una quinta cinta de la misma calaña.
Con el guión original de Brad Ingelsby, Liam Neeson se encarna en Jimmy Conlon -conocido como el Cavatumbas– un mercenario del que sabemos que ha tenido que borrar del mapa a un buen número de víctimas a las órdenes del clan que dirige Shawn Maguire (Ed Harris). Pero en una sola noche los problemas se van a acumular: cuando Jimmy se entera que su hijo Mike (Joel Kinnaman), está envuelto en una peligrosa encrucijada que puede costarle su vida, deberá elegir entre ayudar a éste (con el que hace años que no se habla) u optar por seguir siendo fiel al clan de verdugos capitaneados por su íntimo amigo Maguire y del que ha formado parte durante toda su vida.
Sería de compleja deducción el hecho de colocar a esta última cinta de Collet-Serra/Neeson por encima o por debajo de sus hermanas predecesoras pero, lo que sí es innegable, es que Una noche para sobrevivir resulta del todo equiparable a cada una de ellas y tal hecho, el carácter de aguante fresco sin acosar por el camino ningún tipo de fatiga creativa (en una expresión que ya lleva tres entregas seguidas), ya es de por sí toda una virtud en alza para el filme. En efecto, no es que se muestre una esencia extremedamente original en las oscuras calles de la noche neoyorquina, pero los temas universales -y westernianos, todo sea dicho- que aparecen entre kilogramos de pólvora de tiros y unos cuantos litros de sangre por el camino, siguen siendo un buen brindis para el paladar de un espectador que, a poco exigente que entre en la sala, apreciará las delicias del nuevo divertimento ofrecido por Collet-Serra.
Y en ese dilema por elegir el amor fraternal o el amor trascendental que te ha dado de comer desde jovenzuelo; en esa metralla afectiva tan emergente como sutil en la trama entre padre-hijo y entre jefe-empleado; dentro de toda esa envoltura paisajística neoyorquina (a uno le corta el aliento esos planos cenitales «a lo Google Maps» que nos ubican en cada skyline de la imponente ciudad) en la que la película se siente cada vez más cómoda desnudando sus latentes emociones hacia un espectador que, al mismo ritmo y a cada plano, se siente en proporción igual de cómodo; en toda esa capa justificativa en la que se divierte el filme, sobresale una creíble, generosa y bien aliñada interpretación de un Liam Neeson que ha cogido por méritos propios el testigo de anti-héroe de acción por antonomasia, que parecía no tener dueño desde el Bruce Willis ochentero y noventero.
Seguramente con Una noche para sobrevivir no descubras nada nuevo que no hayas visto ya en un añejo género de acción que lucha por reinventarse y resurgir entre sus cenizas, pero estamos ante un nuevo tic verde en la filmografía de Collet-Serra, el cual mantiene el pulso firme y consistente no sólo en acometer un buen corpachón de cinta, sino también en exprimir hasta límites insospechados las cualidades interpretativas de un completo y honesto Liam Neeson. Por lo primero, pero sobre todo por lo segundo, vale la pena atreverse a sobrevivir a esta noche.
