Amigo de Óscar Martín
Por Pau Sauri Soriano
Al ritmo de la campana
Allí sentado, un ente, un algo, espera inerte e impasible para recordarte todo eso de lo que llevas tiempo tratando de escapar. Alguien, seguramente tu mismo, te ha condenado a vagar por este mundo insólito con la carga de tus acciones, pensamientos y deseos. Ya sea con el tintineo de una campanita o con el eco de un corazón aún vivo, tus pasos marcarán el ritmo de la larga agonía que supondrá tu existencia. El remordimiento establecerá lazos tan fuertes como la amistad para convivir contigo el máximo tiempo posible, te seguirá con su silla de ruedas, empujada por tus propias manos, a cada rincón de tu casa comida por el tiempo y los años. Óscar Martín va más allá y plantea en Amigo, su ópera prima, la relación de dos amigos atados, precisamente, por el odio y el rencor, una unión inseparable.

Martín (Bonsai o El sueño Doppler) plasma, de una manera muy efectiva, una sensación con la que todo el mundo puede identificarse, el remordimiento, y lo envuelve en uno de los géneros que permite más juego a la hora de representar este tipo de sensaciones tan primarias y vibrantes como es el terror. En mayor o menor medida todos hemos padecido problemas de sueño al mentir a alguien, fallarle, o, incluso, ir un poquito más allá. En el mundo del entretenimiento, claro esta, este “insomnio” debe traducirse en mucho más, los personajes no pueden quedarse y andar por lo cotidiano, todo lo contrario, es necesario que los límites se conviertan en sus líneas de salida. Es allí donde empieza el terror. Unos límites que los dos actores y coguionistas del filme, David Pareja y Javier Botet, consiguen derribar de un soplido.
De todos modos, no es un filme que se encasille en un sólo género, de hecho, algunos críticos usan la denominación Pastiche para referirse a ella. En ningún caso supone un ataque, al menos para mí, ya que todo el mundo idolatra al conocido Quentin Tarantino quién, de manera evidente y reconocida, escribe sus películas a partir del respeto y el recuerdo de otras obras a las que admira. Oscar Martín, tampoco se esconde, confecciona una macedonia variada compuesta por frutas exóticas y autóctonas donde las referencias están muy claras, incluso estas se presentan de modo literal a través de un televisor vintage situado en uno de los espacios. Desde el planteamiento principal que nos recuerda a Misery, El Resplandor o, incluso, al Corazón delator de Edgar Allan Poe, a referentes mucho más cercanos como Chico Ibáñez Serrador y sus Historias para no dormir, nos transportan a situaciones familiares.
Uno de los grandes retos para las películas de terror actuales, teniendo en cuenta el público que las va a consumir, es la creación de atmosferas sumergidas en una tensión palpable. Hoy en día es muy difícil incomodar al espectador con imágenes explícitas o violentas, necesitas algo más, necesitas controlar a la perfección el tempo y el encuadre, qué mostrar y qué no. En Amigo hay momentos, los cuales no desvelaré, que con la ayuda de la figura de Javier Botet y su interpretación, consiguen que hundas los dedos en el asiento durante ratos largos.
La sorpresa es un aspecto que los espectadores suelen alabar durante el visionado de una película, no obstante, en el caso de Amigo, deberíamos reconocer la labor de Martín al crear una historia recurrente y conocida que, a su vez, consigue estremecerte.
