BLACK PANTHER
Por Samuel Fonfría
Dime de qué presumes y te diré de lo que careces
Damas y caballeros, preparaos para disfrutar de la mejor película de Marvel y de superhéroes jamás estrenada en el cine. Con esta simple frase podríamos resumir la abusiva y tediosa campaña realizada que “obliga” ver Black Panther. En cambio, la cruda realidad es que la historia se repite pero con pequeños cambios. La película narra la historia de T’Challa, que después de los acontecimientos sucedidos en Capitán América: Civil War, tiene que volver al reino de Wakanda para ejercer como rey. Pero, como rey y Black Panther, deberá ejercer como tal y proteger su país de una nueva amenaza que pondrá en entredicho la seguridad y la capacidad de T’Challa como protector de su nación.
Como ya nos tiene acostumbrados Marvel, las más de dos horas de metraje están repletas de paja y de falsas intenciones. Está muy presente el sello Disney que busca conseguir el máximo número de espectadores, estropeando la trama para que se adapte al mayor rango de espectadores. El director, Ryan Coogler, no transmite nada, no sabe unir los nexos de la trama para que esta funcione como historia. Las secuencias de acción están desaprovechadas. Y aún más teniendo en cuenta que el director viene de rodar una película (Creed) en la cual las secuencias de acciones están especialmente trabajadas. El primer combate que presenta el film está resuelto con un plano secuencia que mete al espectador de pleno en la acción. Pero esto no se repite en toda la película sin justificación alguna.
De las pocas cosas positivas que tiene la trama es un villano real. Por fin, un antagonista se mueve a partir de unas motivaciones reales que tienen peso para convertirlo en lo que es. Marvel sigue usando la misma premisa para engranar sus historias -un super héroe se caracteriza por la capacidad de discernir el bien frente al mal-, que ya usó en las recientes Thor: Ragnarok y Spiderman Homecoming y que viene reciclando durante las últimas entregas.
Como era de esperar Marvel ha creado otra historia vacía sin alma que no consigue empatizar con el espectador. Ha desaprovechado la oportunidad de presentar uno de los superhéroes más especiales que posee gran peso cultural y social. La diferencia entre los cómics y las películas sigue siendo abismal. Pero, aunque todo sean malas noticias siempre podemos aprender algo nuevo. Y es que, solo con dinero no se pueden crear buenas películas. Sí se pueden concebir historias visualmente impresionantes y que puedas matar el tiempo. Sin embargo, hace falta algo más y este es el ejemplo.
