LAS SERIES MÁS ALLÁ DE LOS MITOS: PEAKY BLINDERS
Hay – y siempre ha habido – mucha mafia en la televisión, y eso es un hecho. Pero no nos referimos a la que pueda existir en los despachos de las cadenas, nos referimos a las series de televisión. Existen verdaderas tramas maravillosas que hipnotizan al espectador, pero existen dos producciones que observan a las demás por encima del resto: es innegable que Boardwalk Empire y Los Soprano observan desde sus sillones de capos al resto de la famiglia. Aunque poco a poco, y con tan sólo 12 episodios, hay una serie de gángsters que se acerca sin hacer demasiado ruido a los tronos sobre los que reposan Tony Soprano y Nucky Thompson. Por cierto, viene con el sello BBC.
Peaky Blinders es de esas series donde sólo necesitas ver los primeros cinco minutos del piloto para entender el alcance y las posibilidades de la producción. Lo primero que salta a la vista es la calidad técnica de la serie. Consigue estar a la altura, tanto a nivel de atrezzo y vestuario como de iluminación e imagen, de series tan reconocibles como Penny Dreadful o la ya mencionada Boardwalk Empire. Y aunque algunos puedan considerar este aspecto muy purista, o incluso freak, cabe decir que ambos son los que definen una serie y les da personalidad propia. ¿O no seríais capaces de distinguir una serie por el fotograma de alguna localización con sus extras? Eso sí, si esperáis una banda sonora acorde con toda la ambientación, olvidadlo. Aquí han decidido romper con lo establecido, y de un modo parecido (aunque a la vez muy alejado) a lo que hizo Buz Luhrman con Moulin Rouge, han decidido ponerle una banda sonora rockera que desentona completamente con lo que se espera. Aunque se necesita ser poco purista del género para saber apreciarlo. Por mucho que Nick Cave le siente como un guante. Aunque podamos pecar de minuciosos, en este apartado dedicado más al aspecto técnico, merece una mención especial la realización y la dirección de cámara, que consiguen darle un tinte cinéfilo que a veces encontramos en falta en éste tipo de producciones.
Aunque si queremos desmenuzar un poco más la serie sobre terrenos menos empantanados, deberíamos poner el foco sobre el reparto. Porque es probable que a los nombres de Cillian Murphy y Sam Neil no les pongáis cara, pero si os digo que el primero es El Espantapájaros de Batman Begins y el segundo es paleontólogo Alan Grant de Jurassic Park I y III, seguro que sabéis a quiénes me refiero. Y no están en la serie sólo por su currículo, realmente lo bordan. Si además se pasa por alto (e incluso se ignora) el hecho que Neil no sea irlandés y se omiten algunos tintes de su (falta de) acento, se agradecerá.
Aunque como ya se ha comentado al inicio de ésta disección, la serie no es perfecta, y si sois de los que tenéis facilidad por desenfundar el machete a la hora de valorar una serie, encontraréis más de un motivo para desilusionaros con ella. Un guión un poco flojeras con falta de originalidad, cuenta la historia de una banda local de delincuentillos llamados Peaky Blinders, que tratan de ascender en el mundo del crimen organizado en la ciudad de Birmingham en 1919, después de la I GM. Estrategia, pactos, acuerdos y traiciones serán las armas con las que pelearán para hacerse cargo del negocio. Todo esto marcado por un ritmo pausado, sin prisas, que seguramente acabará por sacar de quicio a más de uno. Aunque si somos honestos, un buen guiso siempre necesita su tiempo de cocción. Además, cualquiera que haya conseguido ver series como Fortitude , Hannibal, o las dos primeras temporadas de Los Soprano no le supondrá demasiado problema el adagio sobre el que está construida esta producción. Para ser claros: el que busque tiros y acción lo encontrará en Mob City, éste no es su sitio.

