HEIMAT – LA OTRA TIERRA

Por Jordi Izquierdo

Un diamante bien pulido

De vez en cuando los directores se lanzan a realizar obras mastodónticas y de duración XXL para su proyección. Algunas han pasado a la historia como Novecento de Bernardo Bertolucci o “Siberiada” de Andrei Konchalovsky pero con la que más similitud tiene este nuevo trabajo del alemán Edgar Reitz -en trama y duración- es la maravillosa Los emigrantes de Jan Troell.

Heimat – La otra tierra tiene varios puntos a su favor. El primero de ellos son los diez años que ha tardado su director en realizar el film que nace de su serie de cincuenta horas para televisión titulada Heimat (en alemán Patria). Como si de un cuaderno del rodaje se tratará, Edgar Reitz pule su idea a fuego lento, ambientándola en un pueblo ficticio de la Alemania de mediados del siglo XIX. Allí sus protagonistas conviven con la tiranía de los señores feudales, con las enfermedades, con los sueños, con la vida, la primavera, el invierno y con la muerte. El segundo plus es el sueño de encontrar una vida nueva en el Nuevo Mundo de aquellos años y que hoy día aún está muy presente en pleno siglo XXI. Ese es el sueño del protagonista Jakob Simons: viajar a Brasil para conocer todas las aventuras que describen los libros sobre ese país tropical y tener una vida mejor.

El tercero es cómo está filmada la película, en blanco y negro, presentando puntos de color cuando en la historia aparece algo diferente. Como si enlazara capítulos de una serie o cada vez que nos presenta a algún personaje nuevo que cambia el ritmo de la historia. El cuarto punto es su duración, casi cuatro horas que pasan desapercibidas. Aquí su director Edgar Reitz ha trabajado como un auténtico orfebre del cine y la ha pulido como si fuera un diamante. Ha sacado de ella el brillo a pesar de lo duro y miserable de la historia que nos cuenta.

El quinto elemento a su favor es que su realizador demuestra que no hacen falta efectos especiales para atraer la atención del espectador. La actuación creíble de sus actores, que se meten de lleno en sus personajes, la puesta en escena y la sencillez con que te engatusa lo que está contando hace que te metas en la película de lleno.

En definitiva, Heimat, la otra tierra es un trabajo redondo que no hay que perderse.

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