JOVEN Y BONITA

Por Dani Arrébola

Cuando el doping visual llamado Marine Vactch resulta insuficiente 

Del cineasta galo François Ozon tan sólo he visto En la casa. Me resultó perturbadora, intrigante y, sobre todo, tan inteligente y especial como lo es su dueño, un director que suele gustar -y me anoto aquí  un topicazo cinéfilo-  tanto a crítica como a público.  En esta ocasión, escribe y dirige lo que podríamos llamar vulgarmente una Lolita realizada y consumada: una joven estudiante de literatura en la Sorbona, de 17 años, sensual y de belleza insultante que decide prostituirse por las noches.

JOVEN-Y-BONITALa elegida para la ocasión y , por consiguiente para llevar todo el peso del filme, es la más modelo que actriz Marine Vactch. Y de su personaje, llamado subliminalmente Isabelle, nos inyectamos dopping visual desde la primera escena en que la vemos semi-desnuda. De unos prismáticos, de una playa y de ese cuerpo y rostro deducimos rápido que la entrada al parque de atracciones -sobre todo al público varonil- está servida y comprada. En ese germen de los primeros minutos todo promete. El tablero de ajedrez parece que nos va a dar una partida memorable con una Reina absoluta capaz de matar a todos o resucitar si hace falta.

Pero pasan los minutos y la fuente de entusiasmo se diluye gota a gota. Ese agua purificadora surgida de los poros de las rocas- o de la piel de Isabelle- lejos de convertirse en un río caudaloso de sentimientos encontrados con el espectador, nos deja más bien un camino turbio y algo fangoso. Seguramente la  película se va manchando de barro tras despistarse por su mitad de trama y, en consecuencia, perdemos nuestra propia brújula como asistentes . Te  examinas el aliento espiritual y  notas un sabor más agridulce o no tan perfumado como el iluso paladar se creía en esa playa del inicio.

5efec-joven_y_bonita_27_rgbParece que a Ozon también se le ablanda la fuerza en la construcción del resto de personajes, quedando por ejemplo, absolutamente flácida de peso argumental y deshilachada el personaje de la madre. No es que agote -¡Ni mucho menos!- ver a este bellezón flexionarse en la cama, podríamos pasarnos horas con ella por su prominente capacidad de despertarnos todas nuestras zonas erógenas. El problema es que lo previsible aparece rápido y en cada cliente que contrata los servicios de esta hermosura empezamos a contar polvos en vez de pasiones renovadas.

Y entonces, queda contestada la incertidumbre que uno puede plantearse ante todo este mejunje anti-ético ¿El chute de doping que nos inyecta Ozon de ese polvorin de delicias llamado Marine Vactch, es perdonable para justificar todo el filme? Y cuanto más secuencias enlazo  me inclino a ir diciendo varias veces «No», lo siento François, esta vez no.

Puntuación Ránking Apetece Cine: 5,7 

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