PRIDE

Por Roger Rodríguez

Film necesario que conmemora los movimientos promovidos por colectivos LGBTQ a favor de los derechos de los mineros durante la era Thatcher

En 1984 el Sindicato Nacional de Mineros convocó una huelga para protestar en contra de las duras represiones que pedía Margareth Thatcher. En ese mismo momento, una parte de la comunidad LGBTQ de Londres decidió solidarizarse y defender al movimiento obrero, posicionandose en contra de las decisiones de la Primera Ministra. Así pues, el movimiento LGSM (Lesbians and Gays Support the Miners) se inició en 1985 bajo la idea de «si no defendemos los derechos de los demás, qué sentido tiene que pidamos que nos apoyen». La unión de estas dos comunidades tan dispares acabó por cambiar el rumbo de la historia.

Sin duda, el valor añadido de esta película es su tratamiento del guión y su enfoque narrativo, aspectos que triunfan a la hora de alejar del melodrama a una historia ya de por sí dramática, optando por el difícil camino de la comedia para crear una propuesta que, a pesar de no ser una obra maestra, sí que deja al espectador con muy buen sabor de boca. Otro aspecto muy positivo del film es su capacidad para generar empatía en el espectador, pues es cierto que desde el primer momento uno sabe lo que va a ver, pero pese a su tono para todos los públicos la verdad es que consigue provocar la sonrisa en no pocos momentos.

El reparto actoral es la columna vertebral de la producción. Más allá de la intención, la historia y el guión, son ellos los que hacen que el film sea verosímil y cautivador. A pesar de que toda la trama se centra en un jovencísimo George MacKay (que también vimos como militar enamoradizo en el musical «Amanece en Edimburgo»), nos cenontramos también con actores del calibre de Bill Nighy o Imelda Stauton.

En resumidas cuentas, la producción resultará cautivadora para aquellos que decidan sumergirse en la historia sin buscar sus puntos flacos. Sencilla y con un tono amigable, hará que el espectador esboce una sonrisa en todo momento a pesar de estar revisitando un momento tan duro como fue la huelga de los mineros británicos. Así pues, una grata excusa para volver al Londres de mediados de los 80.

 

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