SPECTRE

Por Dani Arrébola

Cuando haces BOND…No hay Stop 

Resultaría un tanto absurdo e incluso agresivo hacer el paripé en un primer párrafo introductorio destinado a explicar qué es eso del Universo Bond, las 26 películas de las que se ha alimentado, los guiños y frases que nos ha ido dejando por el camino y las seis pieles distintas que se han probado su traje hasta ahora. Bien es sabido que la saga más longeva de la historia en la gran pantalla mantiene su plena forma al galope de un jinete dinámico y valiente como es el británico Sam Mendes, al que las productoras MGM y Columbia Pictures vuelven a confiar las riendas de vida 007 tras el éxito de crítica y público de Skyfall, la cinta predecesora de esta Spectre y que nos completa por aquí unas 007 líneas de feedback o cata de espionaje.

Con otro elenco estelar -en el que no sabemos si será o no el último capitaneado por Daniel Craig– la última Bond arranca con el mismo dinamismo que porta en su vestimenta engalanada y a prueba de balas. Un soberbio y rítmico plano secuencia y una persecución sucesiva, son el brindis perfecto para saborear durante dos horas la nostalgia reciclada y amoldada a nuestros tiempos que nos proporciona esta última película de la saga. Los guiños entre frases e imágenes bondianas están equilibrados -incluso insertados sutilmente- entre una acción en la que Craig, con más ayuda de la rubia que de la morena, es decir de la Seydoux que de la apagada Bellucci, vuelve a ingeniárselas para buscarse a unos malos llamados Spectre y así justificar su metralla de pólvora y galantería.

007 se gana la licencia para matar y para proseguir en su longevidad vital gracias a un constante tecleo de aciertos, no solamente en la excelente música orquestada por Thomas Newman sino también en la buena pre y disposición de sus imanes en pantalla. Además de Craig, Léa Seydoux vuelve a su condición natural de femme por antonomasia, de sensualidad no sólo física sino también cerebral cristalizada por una mirada de infinitas lecturas; Christoph Waltz es el malo que pilla el relevo de Bardem y, pese a que no chupa mucha cámara cuando aparece en ésta siempre provoca un deleitoso trago de saliva.

No hay que dudar: vale y mucho la pena ir a la taquilla y pagar con gusto una nueva entrada Bond que incluso puede resultar igual de Bondadosa para un buen puñado de gente no sumergida ni familiarizada con el personaje y las historias creadas por Ian Fleming. La licencia para matar sigue por méritos y recursos propios más viva que nunca.  Y es que cuando haces Bond…no hay STOP.

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