| |

Indiana Jones y el Dial del Destino: el tiempo final de los héroes

No es ninguna novedad que el tiempo del héroe épico masculino ya haya terminado, y eso parecen decirnos las últimas películas que prolongan la leyenda de los actores cinéticos.

Si a “Indiana Jones y el Dial del Destino” se la juzga como una película de acción convencional, sobrepasa el nivel medio y cumple su función. En lo que respecta al mito, se puede decir que no está a la altura. Parangonándola con el resto de la saga, está condenada a ser la menos sustanciosa hasta la fecha, pues James Mangold, conocido por su película otoñal “Logan”, afronta serios problemas de ritmo narrativo y gestión del suspense. Las virtudes de este film, que son significativas, no opacan una cierta pérdida de la esencia, o una dislocación temporal. Quizá ya no tiene sentido seguir exprimiendo algo que ya tuvo su momento, pues el talento descomunal y la coordinación de Steven Spielberg en la dirección es lo que más se echa en falta, así como un guión sin tantos agujeros o recursos que los llenen. No ayuda el abuso de “last minute rescues”, recurso básico del cine de aventuras, y que precisa un enfoque más controlado. La estética que recubre esta relectura del género también le va a la contra, sobre todo las escenas iniciales donde se rejuvenece el rostro del protagonista y se acumula una gran dosis de croma y efecto digital.

En esta línea, la introducción del humor gestual por parte de la gran Phoebe Waller-Bridge siempre es bienvenida, aunque esta quizás no era la película más indicada. Se hace patente una intención de parasitar el film para desplazar del centro de atención a Indiana Jones, el arqueólogo aventurero que siempre ha despuntado por su absoluto protagonismo. De algún modo, esta película construye un puente entre un presente demasiado correcto y entregado a sí mismo y un pasado adornado con una mitomanía inocente. A efectos prácticos, la entrega final de “Indiana Jones” se mueve por tierra de nadie, y requiere más precisión en cuanto a gesto e iconografía.

En resumidas cuentas, la despedida de Indy deja con un sabor agridulce y emotivo, aunque el viaje vale la pena. Hablamos pues de una entrega que deposita su valor en la lectura del conjunto, ansiando que el espectador no profundice en detalles más menores.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *