JORNADAS 5 y 6
Por Dani Arrébola
¡Shhhhhhhhhilencio! Borg vs McEnroe trabajando y emocionando
Sabía yo que las Perlas y no la sección oficial me iban a salvar por el Zinemaldia en lo que se refiere al regusto de calidad que me van dejando en la retina y en el coco las películas proyectadas. Muchas de las que se insertan en esta venerada sección ya me las había visto en el Festival de Cannes, como es el caso de Wonderstruck de Todd Haynes que me volvió a encandilar a pesar de que en este segundo visionado ya le fui viendo unos defectos en forma de niños peligrosamente repipis. Pero otras de estas joyas que aterrizan en Donostia con el aplauso y el laurel en otros festivales no las había podido catar hasta ahora. Y una de las que quería probar con muchas ganas era Borg/McEnroe, la rivalidad entre el Nadal y el Federer de la generación de mis padres que ha llevado con gran acierto a la pantalla el cineasta nórdico Janus Metz.
La raqueta gélida contra la raqueta volcánica o, lo que es el mismo, el ganador de hielo y número uno del tenis Björn Borg contra el emergente fuego y candidato a quitarle el cetro al cuatro veces-y camino de la quinta- campeón en Wimbledon. No encuentro nada gratuito en la manera de filmar a estos dos astros de la raqueta, brillantemente interpretados por Shia Labeouf y Sverrir Gudnasson. La voy disfrutando con una sonrisa en la cara sentado en la butaca del principal, mientras veo aspectos de la vida de cada tenista que desconocía por completo. Por ejemplo que Börg en sus inicios y de niño tenía el temperamento de McEnroe y que este era más bien Börg, capaz de multiplicar grandes cifras en dos segundos. La infancia que marca el resto de una vida está hábilmente plasmada y encarnada en estos caminos cruzados entre juegos en blanco, sets dominadores y aces incontestables. El in crescendo con el que está montado el filme, nos acerca aún más el disfrute de la que está considerada la mejor final de la historia del tenis, donde en aquella pista central de Wimbledon, McEnroe fue capaz de salvarle a Börg siete puntos de partido ante el gozo y estupor de un público entregado -al fin y tras ver a un McEnroe educado- a ambos campeones.
Y además de El Secreto de Marrowbone que ha pillado con el pie cambiado a todos en el Principal, la participación española en la quinta jornada del festival se nutría de un título cuyo verbo no auguraba nada bueno: Morir. El segundo largometraje de Fernando Franco vuelve a contar con la gran actriz Marian Álvarez, esta vez acompañada de Andrés Gertrudix -también pareja sentimental- a quienes trataremos de acompañar durante una larga agonía y en la que, en varios momentos, nos costará no apartar la mirada de la pantalla. Es el cine que le gusta al director, el de historias difíciles y cómo afrontarlas y si en La Herida fue en soledad aquí se afrontan en compañía. No niego el respeto que le tengo a Fernando, Marian y Andrés, cuya compenetración es evidente en pantalla, pero me cuesta dar con alguien a quien recomendarle esta película y, sobre todo, elegir un buen momento para verla y no salir hundido. Es lo que me ha pasado a mí a medianoche cuando terminaban las dos horas de ese horrible cáncer que padece Luis (Gertrudix) y que sufre hasta el suspiro final Marta (Álvarez).
Por algo le he preguntado en una amena entrevista al señor Malkovich, presidente del jurado de la sección oficial: ¿Por qué no hay más risas y menos lágrimas a competición? Y su respuesta, agradecida, también le ha pillado a contrapié y previo silencio de diez segundos: «Mmmm, no he podido ver aún todas pero creo que he visto un par de comedias…ahora que lo dices».
